El Centro para el Deporte de Leganés se emplaza en la intersección de dos importantes avenidas: la avenida del rey Juan Carlos I y la avenida de Europa. Las grandes dimensiones de los espacios que conforman su entorno, junto al carácter de edifico público que ha de poseer, hacen que se plantee el proyecto como una construcción con la suficiente potencia como para constituirse en referente urbano.
El edifico asume la gran curva que el solar presenta hacia la rotonda, concentrando en ella toda la energía necesaria para constituirse en un polo articulador del gran espacio al que sirve.
Constructivamente el edificio se define a partir de tres elementos: hormigón, acero y vidrio
En la fachada hacia la rotonda se hace uso de toda la contundencia que el hormigón es capaz de aportar, para conformar un volumen sólido y potente.
En las fachadas hacia los jardines, el edificio se abre a su entorno mediante una doble piel de vidrio y acero. El vidrio constituye la membrana interior mientras que el acero de la celosía conforma la piel exterior.
El programa del edificio se articula a través de un atrio interior a triple altura. Es allí donde se produce el acceso al centro así como desde donde arranca la escalera principal. En las plantas superiores los recorridos de distribución vuelcan hacia este espacio iluminado por las grietas horizontales que se abren en la fachada principal confiriéndole un marcado carácter.
El resto del programa del centro, el área de trabajo, se sitúa en torno al atrio -que hace las veces de núcleo de comunicaciones- para volcarse hacia la fachada posterior buscando las mejores orientaciones y un mayor contacto con los jardines y las pistas deportivas. Se establece, de este modo, un contacto más estrecho entre el edificio y el fin último que lo impulsa: el deporte.
Las zonas de trabajo, protegidas por la doble piel que atempera las condiciones climáticas exteriores (dejando pasar el sol bajo de invierno y protegiendo del excesivo soleamiento de verano) obtienen unos adecuados niveles de confort.
Creando esta burbuja bien temperada, se puede reducir notablemente el consumo energético del edificio, lo que, sumado a la utilización de los sistemas de almacenamiento de energía solar que se situarían en la cubierta del edificio, daría lugar a una construcción sostenible mediambientalmente. Asimismo, la integración de los espacios de trabajo con un entorno ajardinado permite la creación de ambientes agradables para el desarrollo de las actividades que el centro acoge.
La multiplicación de la superficie de fachada que presenta este edificio frente a una solución tipológica convencional permite multiplicar el número de despachos y de salas de trabajo que disfrutan de luz solar.
Con el mismo objetivo de conseguir las mejores condiciones de habitabilidad en todos los lugares de trabajo, el edificio se organiza en su planta sótano en torno a tres patios que se abren entre los cuerpos que salen hacia el jardín. De este modo se consigue que todos los despachos en planta sótano dispongan de unas inmejorables condiciones tanto de habitabilidad como de entorno.